
NOMBRE DEL ALUMNO:
FECHA:
Subtema: Los tonos en la autobiografía.
INSTRUCCIÓN 1: Lee la siguiente información y subraya las palabras clave
de cada explicación.
Cuando
se escribe un relato se puede elegir el tono bajo el cual se quieren expresar
los acontecimientos, es decir, se puede elegir presentar los hechos de una
manera alegre, humorística, irónica, melodramática, heroica, etc. El tono de un
texto recae en la manera particular de expresar algo según la intención o el
estado de ánimo del que habla o escribe.
Tipos de tonos.
Humorístico: El escritor menciona los hechos de una manera divertida,
aunque estos puedan ser realmente tristes.
Irónico: El escritor usa la estrategia de referir algo usando
justamente palabras o expresiones que manifiestan lo contrario, como para
burlarse del suceso.
Nostálgico: El escritor manifiesta una cierta tristeza al recordar
sucesos ocurridos en el pasado; la tristeza surge porque esos hechos no
volverán a ocurrir y se extrañan.
Heroico: El escritor resalta la actuación y cualidades positivas del
personaje cuando este se encuentra en situaciones adversas.
Melodramático: El escritor narra un suceso exagerando el efecto emocional
que este tuvo para el protagonista.
Trágico: El escritor pone énfasis en los acontecimientos dolorosos
que vivió el protagonista o personas cercanas a él.
INSTRUCCIÓN 2: Lee los siguientes ejemplos de fragmentos de biografías e
identifica el tipo de tono que se utiliza en cada uno de ellos.
Biografía de Jorge Ibargüengoitia
(Fragmento)
TONO: _______________________
1 “¿Por
qué no me menciona a mí? Yo también quiero estar en la constelación, quiero ser
santo y estar en el calendario. No es posible que haya olvidado que existo,
porque el otro día estuvimos tomando copas en el Balmer. Es verdad que no soy
tan seriamente entregado como Luisa Josefina, ni tengo tantas posibilidades
como Sánchez Mayanz, pero si me habla de Moncada porque está trabajando en un
Cuauhtémoc, yo tengo derecho de que hable de mi”.
El
resentimiento de Jorge por no ser mencionado por su maestro fue demasiado. El
trago amargo nunca lo pudo pasar. Además, las cosas iban de mal en peor para
él. Fracasaba con sus obras, su maestro no lo recuerda, a pesar de los años de
correspondencia entre ambos y en su trabajo lo critican por escribir con rudeza
contra Alfonso Reyes. Todo estaba
liquidado para Jorge Ibargüengoitia.
Cansado
como estaba, a pesar de los muchos premios que recibiera, decide dejar para
siempre el teatro. Su última obra fue El Atentado (…).
TONO: _______________________
2 “Cuando
la guerra (limpio la ciudad) de tanta miseria, muchos sentíamos la
terrible necesidad de hacer algo. Fue entonces cuando decidí participar como
voluntario en las campañas internacionales de la Cruz Roja (…)”
Vivir para contarla
(Gabriel García Márquez) Fragmento.
TONO: _______________________
3 Los
vientos alisios estaban tan bravos aquella noche, que en el puerto fluvial me
costó trabajo convencer a mi madre de que se embarcara. No faltaba razón. Las
lanchas eran imitaciones rudimentarias de los buques de vapor de Nueva Orleans,
pero con motores de gasolina que le transmitían un temblor insoportable a todo
lo que estaba a bordo, (…) tenían unos pocos camarotes sofocantes con dos
literas de cuartel (…). Como a última hora no encontramos ninguno libre, ni
llevamos hamacas, mi madre y yo nos tomamos por asalto dos sillas de hierro del
corredor central, y allí nos dispusimos a pasar la noche.
Tal
como ella temía, la tormenta vapuleo la temeraria embarcación mientras
atravesábamos el rio Magdalena (…). Mi madre se aferró a su camándula, como de
un cabrestante capaz de desencallar un bulldozer o sostener un avión en el
aire, y de acuerdo con su costumbre no pidió nada para ella, sino prosperidad y
larga vida para sus once huérfanos. Su plegaria debió de llegar a donde ella
quería, porque la lluvia se volvió mansa cuando entramos en el caño, y la brisa
soplo apenas para espantar a los mosquitos. Mi madre guardo entonces el
rosario, y durante un rato observo en silencio el fragor de la vida que
transcurrirá en torno a nosotros.
Biografía de Jorge Ibargüengoitia
(Fragmento)
TONO: _______________________
4
Nací en 1928 (El 22 de enero) en Guanajuato, una ciudad de provincia que era
entonces casi un fantasma. Mi padre y mi madre duraron veinte años de novios
y dos de casados. Cuando mi padre murió, yo tenía 8 meses y no lo recuerdo por
las fotos deduzco que le herede las orejas (…).
Al
quedar viuda, mi madre regreso a vivir con su familia y se quedó ahí. Cuando yo
tenía tres años fuimos a vivir a la capital; cuando tenía siete, mi abuelo, el
otro hombre que había en casa murió.
Biografía
de Jorge Ibargüengoitia (Fragmento)
TONO: _______________________
5
A
principios del último trimestre de 1983, “Jorge estaba trabajando en una novela
que, tentativamente, iba a llamarse Isabel cantada cuando llego la invitación
para el encuentro de escritores en Colombia. Camino a ese encuentro, ya se
sabe, ocurrió el accidente. Jorge había dudado al principio: no quería
interrumpir el trabajo de su libro. Sin embargo, cuando la hora de tomar una
decisión llego estaba en un momento de su novela en el que tenía que detenerse
y comenzar de nuevo. Esto era normal ya que así trabajaba el, deteniéndose de
vez en cuando y comenzando todo otra vez”.
A las ocho de la mañana del
domingo 27 de noviembre de 1983, apenas descendiendo el vuelo 081 de Avianca,
México - Bogotá, “sabíamos que Jorge era ya uno de nuestros muertos”.
En el mismo vuelvo, además de
Ibargüengoitia, fallecieron los escritores Ángel Rama, Martha Traba y Manuel
Scorza. Todos llevaban el mismo destino.
Vivir
para contarla
(Gabriel
García Márquez) Fragmento.
TONO: _______________________
6
Para
mí era un lugar histórico: un día, a mis tres o cuatro a años, mi abuelo me
había llevado de la mano a través de aquel yermo ardiente, caminando de prisa
sin decirme para qué, y de pronto nos encontramos frente a una vasta extensión
de aguas verdes con eructos de espuma, donde flotaba todo un mundo de gallinas
ahogadas.
Hoy, después de
tantos océanos vistos al derecho y al revés, sigo pensando que aquella fue una
de sus grandes respuestas. No recuerdo cuando oí hablar del mas por primera
vez, ni cuál era la imagen anticipada que me había formado de el a través de
los relatos de los adultos. Mi abuelo había querido mostrármelo en el embrollo
de su viejo diccionario descosido, y no pudo encontrarlo. Cuando se restableció
del desconcierto, lo remendó con una explicación que merecía ser válida: “Hay
palabras que no están porque todo el mundo sabe lo que significan” (…).
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